Impactan aumentos en las clínicas y los medicamentos

Natividad necesita para seguir viviendo comprar dos tipos de medicamentos mensuales, uno que le cuesta 4,300 pesos para evitar convulsiones por males cerebrales y otro de 358 pesos para controlar la diabetes. Con mucha frecuencia ella tiene que suspender el tratamiento porque no tiene manera de comprarlo, ya que no tiene hijos y depende de lo que le dan sus sobrinos, hijos de su hermana Felícita.


Esa realidad la viven a diario pacientes con enfermedades crónicas en detrimento de su salud, asegura el cardiólogo Fulgencio Severino, quien abogó porque se elimine el tope de 3,000 pesos que establece el sistema de cobertura de medicinas a pacientes asegurados, ya que un tratamiento mensual para un paciente hipertenso y diabético ronda los 5,000 pesos, el cual se eleva a 6,000 pesos con el incremento del 20 por ciento impuesto por laboratorios.

Asimismo el presidente del CMD, Senen Caba, consideró preocupante el hecho de que el 50 por ciento del gasto en salud salga del bolsillo de la población, sin importar que esté asegurado, y llamó al Comité de Honorarios Médicos del Sistema de Seguridad Social a que se reúna ante la necesidad de reevaluar las tarifas y honorarios que reciben los galenos ante el proceso inflacionario que se vive.

La impotencia de no poder comprar la medicina la vive cada mes Felícita, quien está a cargo de los cuidados de su hermana Natividad, por lo que su reacción al ver en LISTÍN DIARIO una información sobre nuevos aumentos en los precios de los fármacos fue proclamar que mejor le den “tres pasitos a toda la raza humana que esté enferma para que la maten de golpe y no poco a poco”. Natividad ha sufrido dos embolias cerebrales, cinco paros cardíacos y ha sido sometida a dos cirugías de la cabeza, por lo que no tener las medicinas disponibles es condenarla a la muerte, dice su hermana, quien agrega que ella no trabaja, vive de lo que le dan sus hijos, y que ninguna de las medicinas que necesita su hermana la detallan.

“Mire, yo acabo de decirle al médico que nosotros no podemos comprar eso tan caro”, dice Felícita, mientras salía con la receta en las manos luego de consul- tar en el hospital Salvador B. Gautier.

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